viernes, 7 de febrero de 2014

El astuto mono Pinochet y La Moneda de los cerdos

La figura de Pinochet, la imagen de Allende y el Golpe se miran desde el presente para darles nuevos sentidos.
Un niño de 12 años se aleja con una sonrisa en el rostro: “No mi presidente, todo está en orden”. Dirigiéndose a otros niños de su edad, representando la conspiración, les aclarara: “Este Allende no sabe nada, ni se imagina que lo traicionaremos”. El niño que menciona esto representa al general Augusto Pinochet, que tomó el poder político chileno por la fuerza y al cual se aferró durante muchos años. Un grupo de varones de secundaria, reunidos en asamblea, exigen a sus autoridades que su establecimiento educativo sea mixto. Divididos entre moderados y radicales, someten la propuesta a votación. Al grito de ¡queremos mujeres! se impone la corriente revolucionaria. Un grupo de niños de kínder conspira contra un Allende que les prometió construir un castillo. Un niño, forzando su acento para emular el gringo, promete a los terratenientes, otros niños de entre 5 a 7 años, la alegría y prosperidad siempre y cuando traicionen a Allende. Conjuntamente a las líneas narrativas mencionadas, el Golpe de Estado, encabezado por Augusto Pinochet que derroca y asesina a Salvador Allende el 11 de Septiembre de 1973, es recreado y dramatizado por un elenco de teatro universitario, por un grupo de debate universitario, además de contener el desarrollo y la puesta en escena de un cortometraje con base argumental en los años posteriores al golpe sangriento. 

 LA IMAGINACIÓN. 

En un documento controversial titulado “Carta a los chilenos” (Londres, diciembre de 1998) el ex general Augusto Pinochet planteaba: a) que la participación de los militares entre 1973-1990 fue una “gesta, hazaña o epopeya” de carácter nacional; b) que el programa de la Unidad Popular se fundaba en la “prédica del odio, la venganza y la división” con base en “la siniestra ideología del socialismo marxista” y que buscaban imponer “una visión atea y materialista… con un sistema implacablemente opresor de sus libertades y derechos” y que en última instancia fue un “imperio de la mentira y el odio”; c) que “los hombres de armas” actuaron “como reserva moral de la nación” para reimplantar la “unidad del país… No para un sector o para un partido”, el “respeto a la dignidad humana”, la “libertad de los chilenos”, y dar “verdaderas oportunidades a los pobres y postergados”. Sin embargo, la imaginación, el relato no oficial, la idea popular, la que se transfiere por canales no cooptados por los poderes hegemónicos, hacen que la historia no sea un doloso relato de vencedores y vencidos. 

 REGISTRAR EL PASADO.

 Con este gesto, contrario a la historiografía oficial, con el documental El astuto mono Pinochet contra La Moneda de los cerdos evidenciamos que la transmisión oral de la cual se han alimentado los personajes que Perut y Osnovikoff nos presentan no dan cuenta de ninguna gesta, hazaña o epopeya, no se vislumbra odio ni venganza en las forma de representar a la Unidad Popular, más aún en la figura de Salvador Allende, y por supuesto no hay guiños a la figura del ejercito como reserva moral de Chile. En este sentido, estamos frente a dos construcciones, representaciones iconográficas, distintas y distantes en un país que no se reconcilió y que quizás no lo haga mientras continúe vigente una constitución hecha a imagen y semejanza del dictador que la suscribió y la construcción de un presente, y por extensión futuro, nada laudatorio sobre la figura del general golpista. Son niños, adolescente y jóvenes los que reescriben un documento de cierta época, donde parece existir un consenso claramente establecido: al presidente Allende se lo engañó, Chile estaba tomado por fueras reaccionarias durante el gobierno de este presidente desaparecido y que el golpe militar es considerado un acto traicionero.

 HISTORIA. En este documental, que no apela a imágenes del hecho histórico, sino a la imaginación y la imaginaria, se intercala estas visiones con la historia oficial, diluyéndose en un solo relato. En este film, que no confiere relevancia a los acontecimientos vividos, la importancia se da en el hecho de que actúa como un documento de esta época, contingente, un registro que da cuenta de la manera en que se transmite la información, la manera en que se construye la historia al margen de los canales convencionales. El gran ausente es el testimonio vivencial, aquel que otorga verdad, de manera convencional, a lo documentado. Sin embargo, la actualidad, y por extensión su validez, recae en el carácter situacioncita de la película, puesto que se estrenó a un año de la conmemoración de los 30 años del Golpe de Estado. Asimismo, este documental atípico nos permite comprender en algo el Chile del siglo XXI, no desde las esferas del poder, sino desde la voz y las representaciones −de niños, escolares secundarios, universitarios, hasta profesionales de la imagen− sobre el pasado inmediato de su país.