viernes, 2 de abril de 2010

Martes de Cine Español en la red


La Paz, 1 de abril del 2010 (Cinemas Cine) El ciclo Martes de Cine Español “Para gustos, colores…” se extiende a la red desde este mes de abril. Con el apoyo de la Embajada de España en Bolivia, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo y Unión Latina, la revista on-line Cinemas Cine implementará el proyecto Martes de Cine Español en la red, que creará una plataforma integral, intercultural y participativa de discusión crítica de las películas programadas en el ciclo este año.

Martes de Cine Español en la red buscará dotar al público de herramientas para el análisis crítico del cine mediante la publicación de distintos géneros del periodismo cinematográfico (crítica, ensayo de investigación y entrevistas).

Semana a semana, el público del Martes de Cine Español en todo el país tendrá la oportunidad de leer críticas de las películas de cada mes, además de informarse sobre toda la programación. Por otra parte, Cinemas Cine publicará mensualmente un artículo relacionado con las películas programadas en ese mes. Además, se tiene prevista la publicación de entrevistas con realizadores, productores, actores y actrices españoles.

Los espectadores podrán participar en foros de discusión sobre las películas, directores y temáticas del ciclo, en la página de Cinemas Cine http://www.cinemascine.net/ y en Facebook. Dichos foros se abrirán mensualmente y promoverán el intercambio horizontal de las audiencias, enfatizando así su necesidad de expresarse, y reivindicar su individualidad y diferencia.


jueves, 25 de marzo de 2010

La hamaca paraguaya: Soborear el tiempo

Saborear el tiempo.

Toda experiencia estética entraña tres momentos: el primero puede identificarse con lo espacial, es decir que demanda de nosotros la puesta en el espacio, la vocación por el tránsito y la movilidad en y hacia un lugar concreto de manera voluntaria; el segundo se lo identifica con el plano cognoscitivo, haciendo referencia a los saberes a los que somos expuestos sin elección; y el último instante es el de lo bello, la revelación de la belleza, el desocultamiento, el acontecimiento que acaece, que puede llegar a ser visual, audible o palpable en tanto nos irrumpe, sorprende, atrae, repugna o escapa a nuestro saber y querer.
El develamiento de lo bello se presenta como una promesa, como una ficción y por tanto como una hipótesis que se resuelve en la evidencia de la experiencia, en el debilitamiento de la razón y en la celebración del acontecimiento, que debe significar que algo comienza en sí mismo.

La hamaca paraguaya, (Dir. Paz Encina, 2007, Paraguay)

"La muerte se hace sentir"
En La Hamaca paraguaya (Paz Encina, 2006), la pulsión de la muerte alegórica, y a la vez fugaz, irrumpe desde el fuera de campo amplificando la fuerza evocadora de la guerra, la lluvia y el amor a través de la historia de una pareja de ancianos paraguayos que espera el retorno de su hijo de la Guerra del Chaco. Y es desde este campo ausente que el Paraguay se va dibujando, un espacio donde el tiempo y la historia se han separado, donde la voz y su presente se ha distanciado del tiempo y de la imagen, por tanto, esta situación privilegiada permite al tiempo presentarse como algo visible, saboreable, como un acto que comienza en sí mismo.

Es en este movimiento que realiza Paz Encina con inigualable destreza, donde el tiempo se presenta, cuando la pareja de ancianos siente la muerte y comprende que la promesa del retorno de su hijo se disuelve. Enseguida, la desesperanza embarga la pantalla y logra tomarnos, permitiendo que la muerte se haga acto y presencia. Todo esto con el meticuloso tratamiento visual de un paraje rural y ajeno.

Con esta propuesta, Paz Encina, además de contemplar el tiempo, con el efecto que esto provoca, no sólo sobre nuestra mirada: logra que los personajes nos guíen por su cotidianidad: la espera de la lluvia, la curación de la perra, la cosecha y la espera del hijo que representa la vida. El sabor del tiempo en la pantalla nos retorna a la reflexión de la imagen cinematográfica y la momificación que logra ésta del tiempo.

Los riesgos de La Hamaca paraguaya empiezan, quizás, desde su procedencia: un país cuyo historial fílmico es prácticamente inexistente; además, el rechazo a los elementos genéricos y el dulce guaraní con el que se nos está narrando la vida. Por supuesto que esto enriquece aún más las reflexiones que se encuentran en la película, que van desde el poder de la imagen-tiempo hasta la inconmensurabilidad del encuadre, cuyo poder narrativo se refuerza en su exterioridad y el canto al amor y la vida se conjuran en una las defensas más bellas de la Esperanza.

lunes, 15 de marzo de 2010

"El cine mejora en todas partes salvo en Hollywood"

ENTREVISTA: JUAN JOSÉ CAMPANELLA Director y ganador del Oscar a Mejor película de habla no inglesa con El secreto de susu ojos (Argentina - España 2009)


GREGORIO BELINCHÓN

Si la imagen de un triunfador reúne en un mismo plano a su familia y a su premio, Juan José Campanella (Buenos Aires, 1959) cumplió el domingo 7 con todas las premisas. Tras ganar el Oscar al mejor filme de habla no inglesa y dar una rueda de prensa a las doce de la noche, el cineasta y su equipo se reunieron para festejar la victoria. Al fondo de la cafetería del hotel Standard de West Hollywood juntaron cuatro mesas, y allí una treintena de personas celebró la segunda victoria argentina en los Oscar pasándose de mano en mano la estatuilla.

En medio, Campanella, agotado, con su hijo de pocos años dormido en brazos, miraba de reojo el símbolo del premio. Sin abrir casi la boca, con una sonrisa beatífica provocada por el cansancio, el cineasta pedía un respiro: "Aún estoy alelado. Necesito que pase el tiempo para asimilarlo".
La semana no le ha concedido la deseada tregua. El lunes descansó unas horas y después atendió a la prensa argentina.

El martes y el miércoles volvió al estudio de grabación de la serie House -"Me recibieron con los brazos abiertos y un buen festejo"-, y el jueves voló a Miami, donde El secreto de sus ojos clausuraba ayer domingo su festival de cine. Desde el aeropuerto de Los Ángeles, Campanella aprovecha para charlar por teléfono.

Pregunta. La noche del Oscar se le veía un poco perdido.
Respuesta. No me gustan las grandes acumulaciones de gente ni las ruedas de prensa. Prefiero un café tranquilo, porque si no acabas adocenando las respuestas. En la alfombra roja te sientes como cuando llevan las vacas al matadero. El espectáculo es lindo, pero no lo disfruté por los nervios. Mi anterior candidatura, con El hijo de la novia, no provocó tanto ruido. Pero, en fin, ese paseo previo es crispante.

P. ¿Ha tenido ya ese momento de comprender lo ocurrido?
R. No, la verdad. Ni he respirado. Mi trabajo me lo impide. Ni ahora mismo: en el vuelo veré el capítulo de House para decidir algunos cambios.

P. ¿Es consciente de la que se ha liado en Buenos Aires con su Oscar?
R. Lo he visto gracias a Internet. Llevo en Estados Unidos trabajando desde diciembre, y eso que añoro muchísimo Buenos Aires. Espero volver el mes que viene.

P. Mikel Olaciregi, director del certamen de San Sebastián, fue uno de los primeros en felicitarle en persona la noche del triunfo. ¿Le reprochó algo tras el paso frustrante de El secreto de sus ojos por Donostia?
R. No, por favor, para mí fue un honor ir a San Sebastián, y no debemos confundir al jurado con el certamen. Yo, por ejemplo, soy un mal jurado, porque me dejo llevar por el corazón. A mí no me dolió no ganar ningún premio, lo que sí me dolió fue enterarme de que no estuvo considerada en ningún momento.

P. Un Oscar resarce anteriores derrotas.
R. Más bien implica una distinción de por vida, un enorme reconocimiento por parte de las personas que hacen el cine más influyente. Y es un galardón conocido en todo el mundo.

P. Esta categoría, la del filme de habla no inglesa, acaba teniendo cada año candidatas de más calidad que el Oscar a la mejor película.
R. Creo que el nivel del cine se ha elevado en todas partes excepto en Hollywood. La competencia en esta categoría es enorme.

P. El cine argentino ha tenido estos últimos años una repercusión increíble.
R. En Argentina hemos hecho crecer un tipo de cine sustentado en el guión, no anclado sólo en lo formal. Un cine que tiene un objetivo distinto al que sólo busca el clímax sensorial, el que prima sensaciones sobre la historia. Esto tal vez no sea bien visto desde parte de Hollywood.

P. ¿Tal vez esa forma más clásica ha hecho triunfar a El secreto de sus ojos? Con todos los respetos a la peruana La teta asustada, en su filme a nadie le florece una patata en la vagina.
R. Con todos los respetos, porque yo hubiera votado al filme de Claudia Llosa. Pero considero que mi estructura es más antigua que el cine clásico. En los últimos años estuve muy interesado en la música. Leí la novela original, preferí enfatizar la historia de amor frustrado y decidí aplicarle una estructura de sonata. La sonata es, obviamente, anterior al cine. Y a ese esquema le he aplicado muchos elementos modernos. Yo no sé porqué he ganado el Oscar.

P. ¿Se ha convertido en el abanderado del cine argentino?
R. No, por favor. No lo creo. Tenemos otros muchos directores fuertes, con talento.

Extraíso de El Pais.com

miércoles, 10 de marzo de 2010

Premios Oscar 2010

La entrega de los Oscar 2010, el codiciado premio la Academia de Artes y Ciencias Cinematograficas de Hollywood desde hace 82 años, tuvo, a diferencia de las últimas versiones, algo de sorpresas. Desde el reconocimiento, por fin, de una mujer como mejor directora hasta el triunfo de El secreto de sus ojos como Mejor película de habla no inglesa.

La gala de los Oscar 2010, a decir de los cronistas, se nos presentaba como un duelo de un ex matrimonio, entre James Cameron y Katerin Bigelow: Cameron competía con su Avatar, avalada por ser la película más taquillera de la historia y Bigelow con su Zona de miedo (The hurt locker) que potencia la adrenalina al máximo.

Asimismo, ésta gala presentaba a dos películas latinoamericanas, El secreto de sus ojos (Juan José Campanella) y La teta asustada (Claudia Llosa), que supuso una gran sorpresa al imponerse sobre La cinta blanca del inefable Micheal Haneke.

Hollywood se especializa en fabricar productos higiénicamente empaquetados que a lo sumo contienen reflexiones adolescentes acerca de temas que ya han tenido un debate social previo, mucho más serio y casi siempre con un consenso mayoritario. La gran mayoría ha superado el escepticismo de reconocer al humano como destructor de la naturaleza, la gran mayoría está de acuerdo en que debiéramos vivir en mundo más tolerante y la gran mayoría está totalmente de acuerdo en que la violencia puede ser una gran adicción y que estar en un guerra, en un terreno hostil puede resultar abrumador para cualquier individuo, de esto último nos habla Zona de miedo, la gran ganadora de la noche.

Si en Hollywood premian a un filme como Zona de miedo es porque Estados Unidos ya está preparado para hablar de la invasión a Irak, por extensión de la de Afganistán, y demandar abiertamente que los soldados retornen a casa, sin embargo con este film, con este galardón se evidencia algo que no se quería ver, que apuntar con un arma a un civil en Irak es algo tolerable cuando se intuye que en la contienda se está perdiendo, y además de eso los civiles iraquíes son una amenaza real. En este sentido la gran favorita de la noche, Avatar, se allá en las antípodas, con un mensaje contrario al de Zona de guerra, busca, como toda las producciones de Hollywood edulcorar un mensaje claro y alarmante, que el hombre es el principal peligro para al ecosistema, un discurso incómodo para un país que aún ve con excesivo escepticismo y mucha sospecha las nefastas consecuencias que genera la intervención humana sobre la naturaleza. Por eso es que una película con sabor a independiente como Precious, triunfadora ahí por donde ha pasado (incluido el Festival de San Sebatian) no goce de la simpatía de la industria, con una historia de una adolescente negra y obesa que lo único que quiere es salir en televisión y tener un novio blanco. Por eso también se fue sin nada Distrito 9, que proyecta que la simple tolerancia no comparta un código de conducta que preserve los derechos humanos y esos mismos derechos se constituyen en un arma de agresión, y también se fue sin nada Up in the air donde los guiños de triunfo a través del individualismo se trastocan con el desgaste de las relaciones humanas.
A diferencia de otras ediciones, con Zona de miedo si salen los números. La Academia consideró que el mejor guión original es el de Zona de miedo y que el mejor guión adaptado, en un ejercicio compensatorio pero que no desacredita la elección, recaiga sobre Precious, que además está mejor interpretada, Mo´Nique se alza con la estatuilla a mejor actriz de reparto. Igualmente la Academia hizo justicia con Jeff Bridges a quien otorgó la estatuilla como mejor actor por su actuación en Crazy Heart después de 5 nominaciones e imponiéndose a un inspirado Morgan Freeman haciendo de Mandela en Invictus de Clint Eastwood. Algo parecido ocurrió con Christoph Waltz quien se alzó con el codiciado galardón como mejor actor de reparto por su actuación de general nazi en Bastardos sin Gloria y una de las sorpresas de la ceremonia fue Sandra Bullock, quien se hiciese de la estatuilla a mejor actriz, obteniendo al fin el reconocimiento de la industria y de sus colegas.

Lo que quedo claro en la gala de los Oscar es que la actuación no hace a la mejor película, sino el gran aparato que le sostiene, por ello el justo reconocimiento al montaje, que recayó sobre Zona de miedo, e indudablemente la edición de sonido y la mezcla de sonido, elementos imprescindibles para lograr la fascinación en el espectador, en esto la única competencia medianamente seria era Bastardos sin gloria o Distrito 9.

Pero si algo es Hollywood, y ésta ceremonia lo celebra con especial entusiasmo, es el artificio visual. La dirección de arte recayó sobre Avatar, por el planeta Pandora y todo lo que le circunda, y sin una cinta que le haga sombra también obtuvo el reconocimiento con el galardón a mejores efectos visuales y lo sorprendente es que también obtuvo el de mejor fotografía, que por lo general recae sobre propuestas figurativas o filmes de época, como suele pasar son estos los que se hacen con el galardón de vestuario, y ésta edición no fue la excepción lo obtuvo The Young Victoria.

Líneas aparte la nominación de dos películas latinoamericanas supuso una gran sorpresa, generando la expectativa de que la industria estadounidense, que siempre prefirió mirar hacia otro lado, reconociese al fin la factura técnica del cine del sur. Todas las piezas en competencia gozaban de presencia en festivales más prestigiosos pero menos mediáticos que el de la industria estadounidense; Cannes, San Sebastian, Berlín, Venecia. Y presagiaban que la disputa estaba entre las dos hispanas, La teta asustada, de la peruana Claudia Llosa y El secreto de sus ojos, del argentino Juan José Campanella y la alemana La cinta blanca, dirigida por una de las miradas más sensibles del cine contemporáneo Michael Haneke.

Quizás la nominación de dos cintas procedentes del mismo subcontinente permitiera a sus respectivos productores soñar con el preciado galardón y avizorar la penetración al mercado más grande del mundo, porque ese es el verdadero galardón. Por primera vez en la historia de los Oscar un film peruano era candidato a hacerse con la famosa estatuilla dorada, La teta asustada ya había sorprendido al mundo en la Berlinale de 2009, al lograr el Oso de Oro. Pero el paso más importante es probablemente abrir mercados para producciones como esta, a las que se les puede criticar la facilidad con la que se enfrenta a la realidad social de un país dividido como Perú, con una honda herida provocada por la guerra interna, pero que a la que se le debe reconocer la capacidad de universalizar historias propias.

En el caso de la gran ganadora, de la gran sorpresa, la película de Campanella es la segunda película argentina en llevarse un Oscar, la primera fue La historia oficial (Luis Puenzo) en 1986, este dato no es irrelevante cuando hablamos de El secreto de sus ojos, ya que uno de los personajes secundarios, Pablo Rago es el único actor que ha formado parte de los repartos de los dos films premiados. Con 37 años, Rago interpreta en esta oportunidad al esposo de la joven asesinada que es el motor de este thriller policiaco, el cual en 2009 ha batido todos los records de asistencia de público en Argentina. Protagonizada por Ricardo Darín y Soledad Villamil, El secreto de sus ojos es una película que permanece en la memoria después de acabada.
Cuando los Premios Oscar y lo que representan, los grandes estudios, toman distancia del género de lo real, siempre esquivos de la posición política y del debate ético, la Academia revela su costumbre de favorecer a películas documentales que cuenten pequeñas historias de autosuperación, o relatos familiares o, como en este caso, la depredación de una especie en un lugar especifico, nombrando un área y, si se puede, un responsable. En este sentido, el obvio favor de este año recayó el documental The Cove.

Así pues, la entrega de los premios Oscar no es sólo un evento: es una película más de la industria de Hollywood que busca encumbrar sus superproducciones que, como conocemos todos, nunca tienen grandes sorpresas.
Extraido de www.cinemascine.net

jueves, 25 de febrero de 2010

La música también va a la guerra

Un estudio de un académico del City College de Nueva York analiza la primera generación de soldados con iPod. El rap y el metal son los preferidos a la hora de disparar en Irak.

Por: Katia Riccardi*

La gaita escocesa de William Wallace en el siglo XIII. La cabalgata de de las Valquirias del tercer acto de Richard Wagner para los nazis. La columna sonora de los años sesenta de Good Morning Vietnam (1987) para los soldados norteamericanos. La música y la guerra siempre estuvieron juntas porque las notas pesan, transportan, cubren, aíslan, distraen, ilusionan y eluden. Si en las competiciones deportivas está prohibido el uso del iPod –como en la maratón de Nueva York, porque auriculares producen endorfinas- en el frente de batalla, los Mp3 se enlistaron. Ésta es la primera generación de soldados con auriculares y reproductores portátiles. Y toda guerra tiene ahora una banda sonora portátil. Así, las canciones se convierten en armas con el poder para transformar a los hombres.
En 2004, Jonathan Pieslak, un compositor y profesor de música del City College de Nueva York ingresó al sitio oficial de los Slayer, una banda de trash metal estadounidense nacida en Los Ángeles en 1981. Entre sus características se cuentan numerosos y veloces solos alternados con golpes de batería con doble caja, que martilla una y otra vez. Los Slayer son metal extremo y su tercer álbum, Reing in blood, logró influenciar el death metal de la actualidad. Sus letras hablan de satanismo, nazismo, guerra, violencia, asesinos seriales y religión. Entre sus títulos sobresalen The Antichrist, Mandatory Suicide, o Jihad en el que la voz del cantante interpreta a un terrorista y su punto de vista. "Fuck your God erase his name /A lady weeps insane with sorrow" (Al carajo con tu Dios, borra su nombre / Una mujer llora enferma con dolor).
En el sitio web de los Slayer un usuario escribió que durante la Guerra del Golfo El 40% de mails que le llegaban a la banda era justamente de soldados cumpliendo en Oriente Medio. Por supuesto que el dato era exagerado, pero Pieslak comenzó a interesarse sobre el tema. Con ese impulso escribió Sound Targets: American Soldiers and Music in the Iraq War (Objetivos sonoros: soldados norteamericanos y música en la Guerra de Irak), en el que examina el rol de la música a la hora de alistarse, en combate o en los interrogatorios. Barry White queda entonces fuera de combate, porque en Afganistán o en Irak las playlists están dominadas por los Slayer, Metallica y Eminem. En Bagdad, un pelotón llegó incluso a disparar con Wagner de fondo en un poco disimulado homenaje a Apocalypse Now. Para el autor, el heavy metal, entre guitarras y baterías es una buena basa para prepararse para una misión militar, puesto que –escribe Pieslak- "tiene un sonido similar al de una descarga de proyectiles disparados por un arma automática.
El testimonio del soldado Colby Buzzell luego de un año en Irak es exhaustivo. "Escuchaba los Slyer para calmarme en las peores situaciones. A veces, estás muy abajo, a veces no querés ser un soldado. Hay veces que te gustaría estar en otra parte, hay veces que estás sin fuerzas y necesitás alguna motivación. Pero después te pasa de escuchar la banda sonora de El bueno, el feo, y el malo y entonces decís ´ma sí, vamos a la misión" .Lil Jon, otro soldado entrevistado por Pieslak confiesa que escuchaba junto a sus compañeros el tema I Don't Give a Fuck de 2Pac para darse fuerzas y salir del campamento base y empezar a disparar.Pieslak continuó recogiendo datos y descubrió que también Metallica sonaba, pero cuando se trataba de dirigirse a Falluja, el elegido era Go to Sleep de Eminem: 'Die, motherfucker, die! / Unh, time's up, bitch, close ya eyes'". El jazz es para pocos y para escasos momentos de reposo.
El Rhythm & Bass está prohibido y la música country es marginal. En las trincheras sólo entra el rock. El de los Dropkick Murphys o el de Drowning Pool, bandas alternativas de metal que llegan desde Dallas, Texas. "Canciones como Bodies son particularmente interesantes. Los soldados la escuchan para motivarse y también para irritar y debilitar a los prisioneros, que preferirían escuchar 'N Sync o Michael Jackson", explica Pieslak. Pieslak explica la música y la música cuenta la guerra. En el cuarto capítulo del libro Music as a Psychological Tactic, Pieslak examina la batalla de sonidos entre las tropas norteamericanas, con Welcome to the Jungle de los Guns N' Roses o Hell's Bells de AC/DC -, y la música iraquí con el himno Allahu Akbar (Dios es grande) ya popular desde 1956 durante la Guerra del Canal de Suez.
La guerra también es entre música estadounidense y árabe. "Platón pensaba que las diferentes escalas musicales tenían efectos diversos en el hombre. Todavía tendemos a pensar que la música es una delicia para los sentidos, que eleva el espíritu. Es una bellísima idea, pero ésas son sólo algunas de sus propiedades", sentencia Pieslak.Una vez que vuelven a casa y retoman los hábitos civiles, los soldados cambian sus playlist. Las canciones vuelven atrás en el tiempo, tienen el poder de revivir momentos bellos, menos bellos y también aquellos más siniestros. Es la otra cara de la luna.
Lo más interesante del libro de Pieslak no es saber qué escuchan los soldados, sino las palabras que ellos utilizan para describir el poder de la música. Alguno incluso señaló que las canciones llegan a "transformarnos en monstruos, en seres inhumanos". El argumento es interesante desde el punto de vista psicológico, ético y también neurológico. En su estudio el autor intentó responder qué fenómeno les sucede a un grupo de personas obligadas a una situación estresante con cierto tipo de música y con algunas canciones en particular.
Los soldados ponen en su iPod nano en sus chaloecos militares y ya están listos", escribe Pieslak. Cada uno tiene su playlist personal, cada uno intenta traspasar sus propios límites, los uniformidad es sólo un tema de vestuario que no se aplica a los gustos musicales. La difrencia, al fin de cuentas, se escucha en los auriculares. "No conocía ni siquiera la existencia de la música country antes de unirme al ejército", señaló en la investigación el sargento Colby Buzzell, en Irak, desde 2003. Buzzell se encontró más de una vez limpiando su fusil mientras escuchaba The Cure o The Smith y los Slayers antes de salir a cada misión. El jazz, en cambio, le servía al sargento Ronald Botelho para dormir. "El problema aparece cuando nos equivocamos de música. En el auto sólo hay radio y es lo que escuchamos.
Una vez tuvimos que soportar por tres horas las canciones navideñas de Alvin Superstar mientras que estábamos en Samarra poniendo nuestra vida en peligro", testimonia Botelho. La guerra prefiere el rap, nacido entre disparos y calles urbanas, adora el heavy metal y venera el death metal. La música motiva y hoy también dispara.

extraido de REvsita Ñ
© La Repubblica y Clarín

miércoles, 10 de febrero de 2010

La Berlinale festeja 60 años de cine atípico y rebelde


La Berlinale llega a su 60 edición. Son alrededor de 15.000 películas proyectadas y un sinúmero de estrellas que han desfilado por el mítico festival de cine berlinés. Entre ellos, los directores Rainer Werder Fassbinder, Ingmar Bergmann y Jean - Luc Godard. La nieve y las gélidas temperaturas que azotan Berlín por estos días no serán impedimento para que desde mañana, y hasta el día 20, centenares de periodistas se tomen las inmediaciones de la Postdamer Platz, ávidos de buen cine. Este año el certamen presentará en su sección oficial 26 películas, de las cuales 20 competirán por los osos del festival. Sólo una película en español aspira al codiciado galardón. Se trata de Rompecabezas, una coproducción entre la argentina Natalia Smirnoff y Francia.

La incorrección política y la rebeldía han caracterizado seis decadas de un festival considerado atípico por muchos. Este año, el director chino Wan Quan'an, Oro en 2007 con La boda de Tuya, inaugurará el desfile de los veinte aspirantes con Tuan Yuan, una historia de amor truncado por medio siglo de separación entre un ex soldado huido a Taiwán y la mujer que dejó en Shangai. Un argumento idóneo para un festival que, según su director, Dieter Kosslick, pondrá el énfasis en conflictos familiares y reencuentros o desencuentros, por avatares históricos o domésticos.

La presencia estadounidense será más modesta de lo habitual, con dos únicos aspirantes, Noah Baumbach, con Greenberg (con Ben Stiller a bordo), y Howl, de Rob Epstein. La Berlinale dedicará atención especial a dos de sus cinematografías habitualmente mimadas, la asiática y la escandinava. A Zhang y Wan Quan'an se sumarán los japoneses Caterpillar, de Koji Wakamatsu, y Otoute (About her Brother), de Yoji Yamada, este último fuera de competición y encargado de cerrar el festival.

Y por parte escandinava las danesas En Familie, de Pernille Fischer, y Submarino, de Thomas Vinterberg, así como la noruega En ganske snill mann, de Hans Petter Moland.

Completan la sección a concurso la austríaca Der Räuber, de Benjamin Heisenberg; la iraní Shekarchi, de Rafi Pitts, la rusa Kak ya Provel etim letom, de Alexei Popogrebsky, y la rumana Eu cand vreau sa fluier, de Florin Serban.

La película de Smirnoff será el único largometraje hispano a concurso, mientras que en cortometrajes estará el peruano-español El segundo amanecer de la ceguera, de Mauricio Franco Tosso.

La Berlinale mostrará las españolas El mal ajeno, de Oskar Santos, con Eduardo Noriega, Belén Rueda y Angie Cepeda, y Nacidas para sufrir, de Miguel Albadalejo, con Adriana Ozores, Petra Martínez, Malena Alterio y Ricard Borrás. En esa sección se presentarán la brasileña Besouro, de Joao Daniel Tikhomiroff, y la argentina Por tu culpa, de Anahí Berneri.

A modo de tarta de cumpleaños, una versión restaurada del clásico Metrópolis se podra ver bajo la nieve. El viernes se presentará el estreno, ante la Puerta de Brandeburgo, de un Metrópolis restaurado con la copia del Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken de Buenos Aires, la más fiel hasta ahora localizada del mítico filme Fritz Lang. "Una proyección al aire libre en verano la hace cualquiera. El mérito es hacerlo como los berlineses, en invierno", dice Kosslick, cuyo equipo lucha por liberar de nieve, al menos, la alfombra roja.


Extraido de El Pais

martes, 9 de febrero de 2010

En busca del Paraíso: Paraíso/infierno

En la primera secuencia de Buscando el paraíso los directores nos exponen con claridad a que estamos asistiendo; Madrid y Santa Cruz, Desempleo y frustración, remesas y promesas, mujeres y postales de Madrid, dinero y felicidad. Todo esto con un raccord que obedece a la dicotomía Paraíso / Bolivia.

La comedia se sostiene sobre la hipótesis cuasi afirmación, sujeta a experimentación de eso se trata ésta peli, de que el paraíso está fuera, y más aún que está en España o Japón (?), no se cuestiona la existencia del paraíso por lo que se infiere, por oposición binaria, que el infierno es o sería Bolivia, en tanto es el lugar de donde provienen nuestras migrantes y el objeto de deseo-sacrificio habita en este país.

La relación migrante habitante del paraíso con el habitante del infiernillo paradisiaco, es casi mecánica, la sacrificada mujer migrantes envía dinero y el paradisiaco (hombre) lo asume como renta. Esta función que le atribuye Paz y Chávez a los migrantes no es original en absoluto, pero carece de realismo, tanto es así que nuestro paraíso se nos ofrece como avenidas pobladas de gente, plazas, fuentes y monumentos de un Madrid que podría ser cualquier ciudad porque sólo es el fresco donde se dibujan las siluetas de las migrantes.

Ante este cansino relato, el paraíso con hambre y el paradisiaco infierno corrupto la fuga emerge como un estruendo, desconocido e impredecible, a través de un bombazo en Atocha (el atentado del 11-M) liquidando a la depositaria de la moral y la esperanza, (la) Felicidad.

En busca del paraiso. Dir. Paz Padilla, Miguel Chávez (Bolivia, 2010)

Quizás la dicotomía infierno/Bolivia hubiese pasado desapercibida si el texto cinematográfico tuviese cierta unidad técnica, el registro del audio en las locaciones de España difiere bastante del de Santa Cruz, algo similar ocurre con la insistente musicalización, hay dos videoclips completos en el metraje y más de un spot publicitario, donde la explicación de cómo se usa una tarjeta de crédito es una de las secuencias más impresionantes y jocosas en una película boliviana estrenada comercialmente.

Además, es impresionante la renuncia del guión a narrar ésta historia vía telefónica, esto hubiese supuesto el devolvernos a los espectadores algo de lo que el cine hecho en Bolivia va aniquilando con mucho entusiasmo; la imaginación. Con un raccord impreciso, una banda sonora asfixiante, personajes angustiosamente concretos, una lacerante figuración y moralina por doquier el paraíso del dúo Paz-Chávez es un inerme homenaje a la migración.