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martes, 20 de abril de 2010

Selección Oficial, Festival Internacional de Cannes 2010


En su 63 edición el Festival Internacional de Cine de Cannes ya tiene su Selección Oficial. El cine de autor, el cine contemporaneo, el cine que busca nuevas formas para nuevos contenidos ya tiene su Selección Oficial:


Tournée’, de Matthieu Amalric


‘Des hommes et des dieux’, de Xavier Beauvois


‘Hors-la-loi’, de Rachid Bouchareb


‘Biutiful’, de Alejandro González Inárritu


‘Another Year’, de Mike Leigh


‘La princesse de Montpensier’, de Bertrand Tavernier


‘Fair Game’, de Doug Liman


‘Utomlyonnye solntsem 2’, de Nikita Mikhalkov


‘You: My Joy’, de Sergei Loznitsa


‘Un homme qui crie’, de Mahamat-Saleh Haroun


‘La nostra vita’, de Daniele Luchetti


‘Uncle Boonmee’, de Apichatpong Weerasethakul


‘Poetry’, de Lee Chang-dong


‘The housemaid’, de Im Sang-soo


‘Outrage’, de Takeshi Kitano


‘Copie conforme’, de Abbas Kiarostami

jueves, 25 de marzo de 2010

La hamaca paraguaya: Soborear el tiempo

Saborear el tiempo.

Toda experiencia estética entraña tres momentos: el primero puede identificarse con lo espacial, es decir que demanda de nosotros la puesta en el espacio, la vocación por el tránsito y la movilidad en y hacia un lugar concreto de manera voluntaria; el segundo se lo identifica con el plano cognoscitivo, haciendo referencia a los saberes a los que somos expuestos sin elección; y el último instante es el de lo bello, la revelación de la belleza, el desocultamiento, el acontecimiento que acaece, que puede llegar a ser visual, audible o palpable en tanto nos irrumpe, sorprende, atrae, repugna o escapa a nuestro saber y querer.
El develamiento de lo bello se presenta como una promesa, como una ficción y por tanto como una hipótesis que se resuelve en la evidencia de la experiencia, en el debilitamiento de la razón y en la celebración del acontecimiento, que debe significar que algo comienza en sí mismo.

La hamaca paraguaya, (Dir. Paz Encina, 2007, Paraguay)

"La muerte se hace sentir"
En La Hamaca paraguaya (Paz Encina, 2006), la pulsión de la muerte alegórica, y a la vez fugaz, irrumpe desde el fuera de campo amplificando la fuerza evocadora de la guerra, la lluvia y el amor a través de la historia de una pareja de ancianos paraguayos que espera el retorno de su hijo de la Guerra del Chaco. Y es desde este campo ausente que el Paraguay se va dibujando, un espacio donde el tiempo y la historia se han separado, donde la voz y su presente se ha distanciado del tiempo y de la imagen, por tanto, esta situación privilegiada permite al tiempo presentarse como algo visible, saboreable, como un acto que comienza en sí mismo.

Es en este movimiento que realiza Paz Encina con inigualable destreza, donde el tiempo se presenta, cuando la pareja de ancianos siente la muerte y comprende que la promesa del retorno de su hijo se disuelve. Enseguida, la desesperanza embarga la pantalla y logra tomarnos, permitiendo que la muerte se haga acto y presencia. Todo esto con el meticuloso tratamiento visual de un paraje rural y ajeno.

Con esta propuesta, Paz Encina, además de contemplar el tiempo, con el efecto que esto provoca, no sólo sobre nuestra mirada: logra que los personajes nos guíen por su cotidianidad: la espera de la lluvia, la curación de la perra, la cosecha y la espera del hijo que representa la vida. El sabor del tiempo en la pantalla nos retorna a la reflexión de la imagen cinematográfica y la momificación que logra ésta del tiempo.

Los riesgos de La Hamaca paraguaya empiezan, quizás, desde su procedencia: un país cuyo historial fílmico es prácticamente inexistente; además, el rechazo a los elementos genéricos y el dulce guaraní con el que se nos está narrando la vida. Por supuesto que esto enriquece aún más las reflexiones que se encuentran en la película, que van desde el poder de la imagen-tiempo hasta la inconmensurabilidad del encuadre, cuyo poder narrativo se refuerza en su exterioridad y el canto al amor y la vida se conjuran en una las defensas más bellas de la Esperanza.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Premios Oscar 2010

La entrega de los Oscar 2010, el codiciado premio la Academia de Artes y Ciencias Cinematograficas de Hollywood desde hace 82 años, tuvo, a diferencia de las últimas versiones, algo de sorpresas. Desde el reconocimiento, por fin, de una mujer como mejor directora hasta el triunfo de El secreto de sus ojos como Mejor película de habla no inglesa.

La gala de los Oscar 2010, a decir de los cronistas, se nos presentaba como un duelo de un ex matrimonio, entre James Cameron y Katerin Bigelow: Cameron competía con su Avatar, avalada por ser la película más taquillera de la historia y Bigelow con su Zona de miedo (The hurt locker) que potencia la adrenalina al máximo.

Asimismo, ésta gala presentaba a dos películas latinoamericanas, El secreto de sus ojos (Juan José Campanella) y La teta asustada (Claudia Llosa), que supuso una gran sorpresa al imponerse sobre La cinta blanca del inefable Micheal Haneke.

Hollywood se especializa en fabricar productos higiénicamente empaquetados que a lo sumo contienen reflexiones adolescentes acerca de temas que ya han tenido un debate social previo, mucho más serio y casi siempre con un consenso mayoritario. La gran mayoría ha superado el escepticismo de reconocer al humano como destructor de la naturaleza, la gran mayoría está de acuerdo en que debiéramos vivir en mundo más tolerante y la gran mayoría está totalmente de acuerdo en que la violencia puede ser una gran adicción y que estar en un guerra, en un terreno hostil puede resultar abrumador para cualquier individuo, de esto último nos habla Zona de miedo, la gran ganadora de la noche.

Si en Hollywood premian a un filme como Zona de miedo es porque Estados Unidos ya está preparado para hablar de la invasión a Irak, por extensión de la de Afganistán, y demandar abiertamente que los soldados retornen a casa, sin embargo con este film, con este galardón se evidencia algo que no se quería ver, que apuntar con un arma a un civil en Irak es algo tolerable cuando se intuye que en la contienda se está perdiendo, y además de eso los civiles iraquíes son una amenaza real. En este sentido la gran favorita de la noche, Avatar, se allá en las antípodas, con un mensaje contrario al de Zona de guerra, busca, como toda las producciones de Hollywood edulcorar un mensaje claro y alarmante, que el hombre es el principal peligro para al ecosistema, un discurso incómodo para un país que aún ve con excesivo escepticismo y mucha sospecha las nefastas consecuencias que genera la intervención humana sobre la naturaleza. Por eso es que una película con sabor a independiente como Precious, triunfadora ahí por donde ha pasado (incluido el Festival de San Sebatian) no goce de la simpatía de la industria, con una historia de una adolescente negra y obesa que lo único que quiere es salir en televisión y tener un novio blanco. Por eso también se fue sin nada Distrito 9, que proyecta que la simple tolerancia no comparta un código de conducta que preserve los derechos humanos y esos mismos derechos se constituyen en un arma de agresión, y también se fue sin nada Up in the air donde los guiños de triunfo a través del individualismo se trastocan con el desgaste de las relaciones humanas.
A diferencia de otras ediciones, con Zona de miedo si salen los números. La Academia consideró que el mejor guión original es el de Zona de miedo y que el mejor guión adaptado, en un ejercicio compensatorio pero que no desacredita la elección, recaiga sobre Precious, que además está mejor interpretada, Mo´Nique se alza con la estatuilla a mejor actriz de reparto. Igualmente la Academia hizo justicia con Jeff Bridges a quien otorgó la estatuilla como mejor actor por su actuación en Crazy Heart después de 5 nominaciones e imponiéndose a un inspirado Morgan Freeman haciendo de Mandela en Invictus de Clint Eastwood. Algo parecido ocurrió con Christoph Waltz quien se alzó con el codiciado galardón como mejor actor de reparto por su actuación de general nazi en Bastardos sin Gloria y una de las sorpresas de la ceremonia fue Sandra Bullock, quien se hiciese de la estatuilla a mejor actriz, obteniendo al fin el reconocimiento de la industria y de sus colegas.

Lo que quedo claro en la gala de los Oscar es que la actuación no hace a la mejor película, sino el gran aparato que le sostiene, por ello el justo reconocimiento al montaje, que recayó sobre Zona de miedo, e indudablemente la edición de sonido y la mezcla de sonido, elementos imprescindibles para lograr la fascinación en el espectador, en esto la única competencia medianamente seria era Bastardos sin gloria o Distrito 9.

Pero si algo es Hollywood, y ésta ceremonia lo celebra con especial entusiasmo, es el artificio visual. La dirección de arte recayó sobre Avatar, por el planeta Pandora y todo lo que le circunda, y sin una cinta que le haga sombra también obtuvo el reconocimiento con el galardón a mejores efectos visuales y lo sorprendente es que también obtuvo el de mejor fotografía, que por lo general recae sobre propuestas figurativas o filmes de época, como suele pasar son estos los que se hacen con el galardón de vestuario, y ésta edición no fue la excepción lo obtuvo The Young Victoria.

Líneas aparte la nominación de dos películas latinoamericanas supuso una gran sorpresa, generando la expectativa de que la industria estadounidense, que siempre prefirió mirar hacia otro lado, reconociese al fin la factura técnica del cine del sur. Todas las piezas en competencia gozaban de presencia en festivales más prestigiosos pero menos mediáticos que el de la industria estadounidense; Cannes, San Sebastian, Berlín, Venecia. Y presagiaban que la disputa estaba entre las dos hispanas, La teta asustada, de la peruana Claudia Llosa y El secreto de sus ojos, del argentino Juan José Campanella y la alemana La cinta blanca, dirigida por una de las miradas más sensibles del cine contemporáneo Michael Haneke.

Quizás la nominación de dos cintas procedentes del mismo subcontinente permitiera a sus respectivos productores soñar con el preciado galardón y avizorar la penetración al mercado más grande del mundo, porque ese es el verdadero galardón. Por primera vez en la historia de los Oscar un film peruano era candidato a hacerse con la famosa estatuilla dorada, La teta asustada ya había sorprendido al mundo en la Berlinale de 2009, al lograr el Oso de Oro. Pero el paso más importante es probablemente abrir mercados para producciones como esta, a las que se les puede criticar la facilidad con la que se enfrenta a la realidad social de un país dividido como Perú, con una honda herida provocada por la guerra interna, pero que a la que se le debe reconocer la capacidad de universalizar historias propias.

En el caso de la gran ganadora, de la gran sorpresa, la película de Campanella es la segunda película argentina en llevarse un Oscar, la primera fue La historia oficial (Luis Puenzo) en 1986, este dato no es irrelevante cuando hablamos de El secreto de sus ojos, ya que uno de los personajes secundarios, Pablo Rago es el único actor que ha formado parte de los repartos de los dos films premiados. Con 37 años, Rago interpreta en esta oportunidad al esposo de la joven asesinada que es el motor de este thriller policiaco, el cual en 2009 ha batido todos los records de asistencia de público en Argentina. Protagonizada por Ricardo Darín y Soledad Villamil, El secreto de sus ojos es una película que permanece en la memoria después de acabada.
Cuando los Premios Oscar y lo que representan, los grandes estudios, toman distancia del género de lo real, siempre esquivos de la posición política y del debate ético, la Academia revela su costumbre de favorecer a películas documentales que cuenten pequeñas historias de autosuperación, o relatos familiares o, como en este caso, la depredación de una especie en un lugar especifico, nombrando un área y, si se puede, un responsable. En este sentido, el obvio favor de este año recayó el documental The Cove.

Así pues, la entrega de los premios Oscar no es sólo un evento: es una película más de la industria de Hollywood que busca encumbrar sus superproducciones que, como conocemos todos, nunca tienen grandes sorpresas.
Extraido de www.cinemascine.net

miércoles, 10 de febrero de 2010

La Berlinale festeja 60 años de cine atípico y rebelde


La Berlinale llega a su 60 edición. Son alrededor de 15.000 películas proyectadas y un sinúmero de estrellas que han desfilado por el mítico festival de cine berlinés. Entre ellos, los directores Rainer Werder Fassbinder, Ingmar Bergmann y Jean - Luc Godard. La nieve y las gélidas temperaturas que azotan Berlín por estos días no serán impedimento para que desde mañana, y hasta el día 20, centenares de periodistas se tomen las inmediaciones de la Postdamer Platz, ávidos de buen cine. Este año el certamen presentará en su sección oficial 26 películas, de las cuales 20 competirán por los osos del festival. Sólo una película en español aspira al codiciado galardón. Se trata de Rompecabezas, una coproducción entre la argentina Natalia Smirnoff y Francia.

La incorrección política y la rebeldía han caracterizado seis decadas de un festival considerado atípico por muchos. Este año, el director chino Wan Quan'an, Oro en 2007 con La boda de Tuya, inaugurará el desfile de los veinte aspirantes con Tuan Yuan, una historia de amor truncado por medio siglo de separación entre un ex soldado huido a Taiwán y la mujer que dejó en Shangai. Un argumento idóneo para un festival que, según su director, Dieter Kosslick, pondrá el énfasis en conflictos familiares y reencuentros o desencuentros, por avatares históricos o domésticos.

La presencia estadounidense será más modesta de lo habitual, con dos únicos aspirantes, Noah Baumbach, con Greenberg (con Ben Stiller a bordo), y Howl, de Rob Epstein. La Berlinale dedicará atención especial a dos de sus cinematografías habitualmente mimadas, la asiática y la escandinava. A Zhang y Wan Quan'an se sumarán los japoneses Caterpillar, de Koji Wakamatsu, y Otoute (About her Brother), de Yoji Yamada, este último fuera de competición y encargado de cerrar el festival.

Y por parte escandinava las danesas En Familie, de Pernille Fischer, y Submarino, de Thomas Vinterberg, así como la noruega En ganske snill mann, de Hans Petter Moland.

Completan la sección a concurso la austríaca Der Räuber, de Benjamin Heisenberg; la iraní Shekarchi, de Rafi Pitts, la rusa Kak ya Provel etim letom, de Alexei Popogrebsky, y la rumana Eu cand vreau sa fluier, de Florin Serban.

La película de Smirnoff será el único largometraje hispano a concurso, mientras que en cortometrajes estará el peruano-español El segundo amanecer de la ceguera, de Mauricio Franco Tosso.

La Berlinale mostrará las españolas El mal ajeno, de Oskar Santos, con Eduardo Noriega, Belén Rueda y Angie Cepeda, y Nacidas para sufrir, de Miguel Albadalejo, con Adriana Ozores, Petra Martínez, Malena Alterio y Ricard Borrás. En esa sección se presentarán la brasileña Besouro, de Joao Daniel Tikhomiroff, y la argentina Por tu culpa, de Anahí Berneri.

A modo de tarta de cumpleaños, una versión restaurada del clásico Metrópolis se podra ver bajo la nieve. El viernes se presentará el estreno, ante la Puerta de Brandeburgo, de un Metrópolis restaurado con la copia del Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken de Buenos Aires, la más fiel hasta ahora localizada del mítico filme Fritz Lang. "Una proyección al aire libre en verano la hace cualquiera. El mérito es hacerlo como los berlineses, en invierno", dice Kosslick, cuyo equipo lucha por liberar de nieve, al menos, la alfombra roja.


Extraido de El Pais

viernes, 6 de noviembre de 2009

fallecimientos: Claude Levi-Strauss y Francisco Ayala

Esta semana fallecieron dos pensadores que vieron el discurrir del siglo XX.


El antropólogo Levi-Strauss padre del estructuralismo, corriente que me influyo sobremanera en mi aproximación a lo social a la producción sensible, puesto que de la fascinación por la estructura el binarismo es que siempre se me facilito el abordaje de las obras, en especial aquellas que interrogaban sobre la identidad que en último termino se rfieren a cuestiones morales.
Asimismo siempre me perturbo el gran cierre de su magna obra, Tristes tropicos, que "las culturas se valen" extraña sentencia y apertura al relativismo que campea en todos los niveles, entodas las geografias del pensamiento.




Don Francisco Ayala fallecio esta misma semana, bordeando los 104 años, sobrevivio a las dos grandes guerras y la interminable y lastimera guerra civil españala, por el conoci los paisajes que traza una mente brillante y sobreviviente, proxima a las formas de resistencia.

Además con él comprendi el caracter artisitico, artificioso y espectacular que alberga el cinematografo, y más aún la cultura de masas. Cual debiera ser el rol del escritor en esta nueva sociedad, o cuales podrian ser las cuestionantes a esta ueva configuraciónd e sociedad, como hacerla algo más habitable.

Pero su huella caló más profunda con sus reflexiones sobre las ciencias sociales y el estatus cientifico y a la vez cambiante de ella en este siglo XX que el vio recorrer en su totalidad.




martes, 27 de octubre de 2009

Francois Truffaut (15 años de su muerte)

Recordando al desaparecido Truffaut hace ya 15 años, un 21 de octubre.

Y cómo recordarlo, con su primer film, declaración de principios de una generación de criticos cineastas.




Los 400 golpes, Dir. F. Truffaut, Francia, 1959

En el epilogo de Los 400 golpes, se asiste a la fuga de Truffaut de la critica, de la fuga de una generación: la fuga del cine clásico hacia el cine moderno, del cine estático, pesado y literario, hacia un cine ligero, real y en movimiento.

jueves, 1 de octubre de 2009

Un perro andaluz, 80 años (Dir. Luis Buñuel,1929)

A 80 años de la obra inaugural de dos genios del XX, Buñuel y Dali


“También se iba a llamar Es peligroso asomarse al interior y El marista en la ballesta. Escribimos el guión en menos de una semana, siguiendo una regla muy simple: no aceptar idea ni imagen que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural”

“Hubo 40 ó 50 denuncias en la comisaría de policía de personas que afirmaban: Hay que prohibir esa película obscena y cruel. Entonces comenzó una larga serie de insultos y amenazas que me ha perseguido hasta la vejez”.

“Adoro los sueños, aunque mis sueños sean pesadillas y eso son las más de las veces. Están sembrados de obstáculos que conozco y reconozco. Esta locura por los sueños, que nunca he tratado de explicar, es una de las inclinaciones profundas que me han acercado al surrealismo. Un chien andalou nació de la convergencia de uno de mis sueños con un sueño de Dalí”.
Luis Buñuel












viernes, 25 de septiembre de 2009

La ultima promesa (Tentayape, la ultima casa, Dir. Alem, Bolivia 2008)

La ultima promesa (Tentayape, la ultima casa)


Tentayape, la ultima casa (Bolivia, 2008)

Signadas por el saqueo y la resistencia al sureste de Bolivia las comunidades guaraníes constituyen la referencia sobre la posibilidad de la convivencia pacifica desde el aislamiento voluntario y la ejecución de la autodeterminación frente un Estado que les ha ignorado.
Tentayape o la ultima casa es un lugar, una suerte de ilusión y de promesa, donde abaguaraníes reproducen su cultura de forma pacifica y aislada, rechazando toda presencia escolar y clerical incluso la estatal. Y sobre esto Roberto Alem nos ubica; los mecanismos de resistencia y reproducción de la cultura en esta Última casa, cuya extensión no supera las 22 hectáreas.
Esta última casa o última promesa está rodeada por las grandes petroleras y haciendas donde aún existen personas en condición de semiesclavitud cuyos derechos, identidad e historia les fueron usurpados durante centurias y Alem toma estos elementos socio históricos para configurar su mirada antropológica que no puede evadir la fascinación, una suerte de ética de la mirada, siempre fascinante y fascinada.

Alem, fungiendo como narrador, y a si mismo prestando su voz para los digresiones históricas que arrojan datos sobre la realidad guarani en el Bolivia, permite posicionarse y distanciarse de ese subgénero documental que es el institucional, siempre vinculado las organizaciones no gubernamentales.
El cine y el documental siempre ofrecieron la realidad como justificación ética y en este caso, Tentayape supera esta demanda de realidad, sino que destila esperanza e ilusión.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Historias Extraordinarias, un acontecimiento cinematografico

Es motivo de alborozo que desde hoy y por una semana se exhibira en la Cinemateca boliviana esta obra de Mariano Llinás.

mejor no esbozar nada, solo extender la invitación a quien pueda asistir a este acontecimiento cinematografico, porque lo bello acontece.


"El décimo Bafici será recordado, seguramente, como el Festival en que se exhibió por primera vez Historias extraordinarias, la película de más de cuatro horas de Mariano Llinás. Se trata de una película destinada a hacer historia en el cine argentino y a brindar una verdadera lección de inteligencia, imaginación, valentía y generosidad." Gustavo Noriega, Revista El amante.


"Historias extraordinarias, el suculento filme de Mariano Llinás que ganó el Premio del Público y el de Kodak - Cinecolor es una película original, única. Se trata de una suerte de "oda a la aventura y al camino" que logra combinar espíritu novelístico, humor, acción y romance a lo largo de cuatro horas con un sistema narrativo (tres historias paralelas, desvíos narrativos varios, voz en off omnipresente) que tiene pocos antecedentes". Diego Lerer, Diario Clarín

La cuestión con el Incaa es que sólo piensa el cine desde una perspectiva industrial, mientras que yo y quienes trabajan conmigo la pensamos desde un punto de vista artesanal. Es así de simple: Queremos demostrar que el cine puede ser una actividad tan accesible como cualquier otra disciplina artística, en la medida que intervengan en él el riesgo, la busca de la innovación y cierto sentido, por así decirlo, aventurero en cuanto a su producción. Creo que existe cierto cine que se hace desde escenarios como los que yo planteo: la mayoría de las operas primas que pueblan el Bafici son concebidas con ese riesgo y con esa altivez. Sin embargo, el Incaa insiste en ignorar esas formas de producción y obliga a los films que quieren gozar de su apoyo a convertirse en grandes bodoques atados a las formas de producción clásicas. Nosotros creemos que dichas formas son obsoletas y que sirven para hacer films que heredan algo de esa obsolesencia. Nos interesan films vitales, hechos de manera vital. Y la vitalidad no es una moneda que corra con demasiada generosidad por los pasillos del Incaa; eso se los puedo asegurar. Mariano Llinás.

martes, 8 de septiembre de 2009

Segundo Número de la revista Cinemas Cine




SEGUNDO NÚMERO DE CINEMAS CINE




La revista digital de información, crítica e investigación cinematográfica ha lanzado su segundo número. Un homenaje conciente a los 20 años del estreno mundial de La nación clandestina de Jorge Sanjinés que en septiembre de 1989 ganó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastiá, España, es el tema central de esta publicación.


Con colaboradores en Argentina y Ecuador la revista busca ser el referente de la mirada joven sobre la producción audiovisual contempopránea sin dejar de ver el pasado. Bolivia se integra en CINEMAS CINE a través de la recopilación de la información que se genera a nivel nacional y fomentando la investigación que en esta oportunidad encuentra su punto alto en el ensayo Distribución y exhibición de cine nacional e independiente, una suerte de mercado, elites y pueblo.Una mirada a La nación clandestina desde las críticas escritas entre 1989 y 1990 (año de estreno de la película en Bolivia) y nuevas críticas escritas exclusivamente para CINEMAS CINE. Por otra parte, recuperamos una entrevista realizada por Mario Benedetti a Jorge Sanjinés.Y para cerrar este número les ofrecemos una entrevista a Juan Carlos Valdivia director de Zona Sur, la nueva película boliviana.

domingo, 19 de julio de 2009

Sobre el cine (entrevista con Gilles Deleuze)

Esta es una entrevista realizada a Gilles Deleuze por Gilbert Cabasso y Fabrice Revault d’Allones, para la revista Cinema, el año de 1985.

Cien años de cine..., y esta es la primera vez que un filósofo se propone enunciar los conceptos propios del cine. ¿Cómo interpretar esta ceguera de la reflexión filosófica?

– Es cierto que los filósofos se han ocupado muy poco del cine, y eso los que han llegado a hacerlo. Sin embargo, se da una coincidencia. En el mismo momento de aparición del cine, la filosofía se esfuerza en pensar el movimiento. Pero puede que esta misma sea la causa de que la filosofía no reconozca la importancia del cine: está demasiado ocupada en realizar por cuenta propia una labor análoga a la del cine, quiere introducir el movimiento en el pensamiento, como el cine lo introduce en la imagen. Más que de una posibilidad de encuentro, se trata de dos investigaciones independientes. A pesar de todo, los críticos cinematográficos, al menos los mejores, se convierten en filósofos desde el momento en que proponen una estética del cine. No son filósofos de formación, pero se convierten en filósofos. Esta fue la aventura de Bazin.

¿Qué pediría usted en este momento a la crítica cinematográfica? ¿Qué papel debería desempeñar?

– La crítica cinematográfica se encuentra ante un doble escollo: tiene que evitar limitarse a una simple descripción de las películas, pero también debe cuidarse de no aplicar al cine conceptos que le son extraños. La tarea de la crítica es formar conceptos, que evidentemente no están dados en cuanto tales en las películas, pero que a pesar de ello sólo son aplicables al cine, a tal género cinematográfico o a tal película. Conceptos que son propios del cine, pero que sólo se pueden formar filosóficamente. No se trata de nociones técnicas ( travelling, continuidad, rupturas de la continuidad, amplitud o profundidad de campo, etc.), la técnica no vale nada si no está al servicio de los fines que implica pero que no se explican por ella.

Esos fines son los que configuran los conceptos cinematográficos. El cine realiza un auto–movimiento de la imagen, incluso una auto– temporalización: esta es su base, y este es el aspecto que yo he intentado estudiar. Pero, ¿qué puede revelarnos el cine acerca del espacio y del tiempo que no revelen las demás artes? Un travelling y una panorámica no presentan el mismo espacio. Es más, puede suceder que el travelling deje de trazar un espacio para sumirse en el tiempo (en Visconti, por ejemplo). He intentado analizar el espacio en Kurosawa y en Mizoguchi: en uno, es un continente que engloba, en el otro es una línea universal, y ambas cosas son muy distintas, no sucede lo mismo en un continente globalizador que en una línea universalizante. Las técnicas están subordinadas a estas grandes finalidades. Ahí radica la dificultad: se precisan monografías de los autores, pero hay que incorporar a esas monografías una diferenciación de los conceptos, de las especificaciones, de las reorganizaciones, que pone en juego al cine en su totalidad.

Su pensamiento está atravesado por la problemática de las relaciones entre cuerpo y pensamiento, ¿cómo excluir de tal problemática al psicoanálisis y su relación con el cine? ¿Cómo excluir a la lingüística y, en suma, a todos esos “conceptos ajenos”?

Es el mismo problema. Los conceptos que el psicoanálisis proponga en lo referente al cine deberían ser específicos, es decir, aplicables únicamente al cine. Siempre podemos relacionar el encuadre con la castración y el primer plano con el objeto parcial, pero no veo que eso pueda aportar algo al cine. Dudo incluso de que la noción de “lo imaginario” sea válida para el cine, que produce realidad. Se puede aplicar el psicoanálisis a Dreyer, pero esta aplicación, en este campo como en tantos otros, no añade gran cosa. Mejor sería una confrontación entre Dreyer y Kierkegaard, ya que este último pensaba también que todo consiste en “hacer” el movimiento, que sólo la “elección” podía hacerlo: esta decisión espiritual se ha convertido en un objeto apropiado para el cine. En nada nos ayudará un psicoanálisis comparado de Kierkegaard y Dreyer a la hora de avanzar en ese proble-[98]ma filosófico– cinematográfico. ¿Cómo puede llegar a ser objeto del cine la determinación espiritual? Es el mismo problema que, de modo muy diferente, encontramos en Bresson o en Rohmer, y en él está comprometido el cine en su totalidad, no un cine abstracto, sino el más emotivo, el más fascinante.

Lo mismo puede decirse de la lingüística: se ha contentado con suministrar conceptos que se aplican al cine desde fuera, como por ejemplo el concepto de “sintagma”. Al hacerlo, la imagen cinematográfica queda reducida a un enunciado, dejando entre paréntesis su carácter constitutivo: el movimiento. La narración es, en el cine, como lo imaginario: se trata de una consecuencia muy indirecta que se deriva del movimiento y del tiempo, no al revés. Lo que el cine narra es sólo aquello que le permiten narrar los movimientos y los tiempos de la imagen. Si el movimiento se regula mediante un esquema sensomotor (si presenta un personaje que reacciona ante una situación), entonces tendremos una historia. Al contrario, si el esquema sensomotor se desploma en provecho de movimientos no orientados, discordantes, entonces tendremos formas diferentes, devenires más que historias...

– En ello radica la importancia, en la que su libro profundiza, del neorrealismo. Una ruptura radical, vinculada evidentemente a la guerra (Rossellini o Visconti en Italia, Ray en América). No obstante, Ozu, antes que ellos, y Welles después, escapan a todo intento de periodización demasiado riguroso...

– Sí, si la ruptura decisiva tiene lugar tras la guerra, con el neorrealismo, es precisamente porque el neorrealismo da cuenta de la inutilidad de los esquemas sensomotores: los personajes ya no “pueden” reaccionar ante unas situaciones que les sobrepasan, porque son demasiado horribles, o demasiado bellas, o irresolubles... Nace entonces una nueva estirpe de personajes. Pero nace, sobre todo, de la posibilidad de temporalizar la imagen cinematográfica: es tiempo puro, un poco de tiempo en estado puro, y no ya movimiento. Esta revolución cinematográfica se estaba preparando, en otras condiciones, en Welles, y en Ozu mucho antes de la guerra. Welles produce un espesor temporal, capas distintas de tiempo que coexisten, reveladas por la profundidad de campo, en un escalonamiento propiamente temporal.

Lo que tienen de cinematográfico las célebres naturalezas muertas de Ozu es que expresan el tiempo como forma inmutable en un mundo que ya ha perdido sus referencias sensomotrices.

– Pero, ¿a qué criterios podrían referirse tales cambios? ¿Cómo podrían ser evaluados, tanto estéticamente como de otras maneras? En suma, ¿en qué puede apoyarse la valoración de una película?

– Creo que hay un criterio especialmente importante, que es la biología del cerebro, una micro–biología. Está en constante transformación, acumulando descubrimientos extraordinarios. Los criterios no los podrán suministrar ni el psicoanálisis ni la lingüística, sino la biología del cerebro, porque se trata de una disciplina que no presenta el inconveniente de las otras dos (aplicar conceptos ya formados).

Podríamos considerar el cerebro como una materia relativamente indiferenciada, y se trataría, entonces, de saber qué circuitos, qué tipo de circuitos se trazan (imagen–movimiento o imagen–tiempo), puesto que los circuitos no preexisten.

Consideremos una obra como la de Resnais: es un cine cerebral, incluso aunque sea de lo más divertido o de lo más emotivo. Los circuitos implicados en los personajes de Resnais, las ondas en las que se instalan, son circuitos cerebrales, ondas cerebrales. El cine en su totalidad vale tanto como los circuitos cerebrales que consigue instaurar, precisamente gracias a que la imagen está en movimiento. “Cerebral” no quiere decir intelectual: hay un cerebro emotivo, pasional... Sobre este asunto, el problema fundamental atañe a la riqueza, a la complejidad y a la textura de estos dispositivos, conexiones, disyunciones, circuitos y cortocircuitos. La mayor parte de la producción cinematográfica, con su violencia arbitraria y su erotismo blando, revela una deficiencia del cerebelo, en lugar de invención de nuevos circuitos cerebrales. El ejemplo de los clips es emblemático: se abría la posibilidad de un nuevo campo cinematográfico muy interesante, pero ha sido inmediatamente conquistado por esa deficiencia generalizada y organizada. La estética no es indiferente a estos problemas de cretinización y de cerebralización. Crear nuevos circuitos es algo que corresponde
tanto al cerebro como al arte.

–A priori, el cine parece mejor instalado en la ciudad que la filosofía. ¿Qué tipo de práctica podría colmar esa separación?

–No estoy seguro de que sea así. No creo, por ejemplo, que los Straub, incluso considerados como cineastas políticos, hayan gozado de una inserción cómoda en la “ciudad”. Toda creación tiene un valor político y un contenido político. El problema es lo mal que todo esto se aviene con los circuitos de información y de comunicación, que son circuitos prestablecidos y degenerados de antemano. Todas las formas de creación, incluso la posible creación televisiva, tienen en esos circuitos su enemigo común. Sigue siendo una cuestión cerebral: el cerebro es la cara oculta de todos los circuitos: pueden triunfar los reflejos condicionados más rudimentarios tanto como los movimientos más creativos, los que tienen conexiones menos “probables”. El cerebro es un volumen espaciotemporal: corresponde al arte trazar en él nuevas vías de actualización. Puede hablarse de sinapsis, conexiones y desconexiones cerebrales: no hay las mismas conexiones, ni se trata de los mismos circuitos, por ejemplo, en Godard y en Resnais.

Pienso que la importancia o el alcance colectivo del cine depende
de este tipo de problemas.

domingo, 5 de julio de 2009

El destino del cine como arte (entrevista Jacques Ranciere)

Declaraciones a su amiga Emmanuel Burdeau y al editor de Cahiers Jea-Michel Frodon (1/12/2004) publicada en la edición 598 de la revista francesa.


Entrevista a Jacques Rancière con motivo de la publicación de “Malestar en la estética”
Desde el prólogo de Malestar en la estética, usted evoca a modo de elogio “la confusión”que a su entender define a la estética. ¿Puede aproximarse esta idea a la impureza que a menudo se atribuye al cine?


Por supuesto. La “confusión” estética es la imposibilidad de definir un arte por una esencia, una técnica o un medio propio. Es lo mismo que entendía Bazin cuando hablaba de la impureza cinematográfica: la imposibilidad de oponer una esencia plástica del cine a una esencia verbal del teatro o de la novela. Pero si a menudo el cine es calificado como un arte impuro es para contraponerlo como un arte deudor de todas las restantes, de las artes supuestamente puras. Por el contrario, yo pienso que el cine revela un destino común a todas las artes. Ninguna de ellas puede definirse por esa esencia propia que algunas teorías quieren oponer al discurso estético, que es considerado como un comentario exterior. Al margen de los modos de visibilidad e inteligibilidad que lo constituyen como tal, el arte no existe. Todo arte es un préstamo ejecutado por un trabajo perceptivo y discursivo obtenido de diferentes tipos de entretenimientos, rituales o ceremonias. Esto significa que su aspecto no artístico es esencial a la identificación misma del arte. Y evidentemente, un arte como el cine está muy bien ubicado para atestiguar esta impureza común a causa de su origen como entretenimiento popular.

El empleo del término “impureza” en el cine remite a su relación con el mundo, con lo real, lazo de distinta naturaleza al de las artes que le precedieron. Cuando usted recuerda la importancia, en el ámbito de las artes, de una nueva relación con lo trivial, con la materialidad a través del ejemplo de Stendhal que remite a lo sucedido en literatura en el siglo XIX, así como en la música o en la pintura, ¿no está sugiriendo que estas artes se aproximan a lo que el cine será de modo natural?

La impureza no es un privilegio cinematográfico. Los objetos del mundo comenzaron a penetrar en la literatura o en pintura de modo trasgresor y esta trasgresión constituyó la nueva visibilidad del arte que permitió al cine y a la fotografía convertirse en artes. El cine no es impuro porque se pasee por las riberas de los ríos. Antes de que existiese ya se paseaban por allí. Una manguera no está más cómoda en el cine que en un cuadro o en una página literaria. No puede definirse la impureza del cine por su relación con el mundo, o mejor dicho, no hay que definirla por su relación con lo banal, sino como lo indiscernible entre la citada forma de entretenimiento y la forma del arte. Desde ese punto de vista, el cine es importante por haberse convertido en el arte de masas en el sentido en que es el arte de mayor consumo.
También se ha convertido en el arte de lo real, con todas las precauciones asociadas a este término. Pero siguiendo con su ejemplo, en Manet, Stendhal, Varese, hay algo que hace que siempre se diga que es un gesto, un intento, mientras que en el caso del cine, no es necesario intentarlo. Desde el momento en que los Lumière ruedan, filman la realidad. El cine es un arte que se construye automáticamente con la realidad. Si se afirma que el cine fue inventado en 1895 por los hermanos Lumière y no tres meses antes por los hermanos Skladanowsky es debido a que éstos filman teatro frente a los Lumière que filman la salida de una fábrica o la llegada de un tren a la estación.

Es una mirada retrospectiva. En 1900 se pensaba que el cine se convertiría en un arte si se filmaban objetos artísticos. Ahora se piensa que los Lumière inventaron el cine como arte, eligiendo la salida de una fábrica o la llegada de un tren; o se piensa que la fotografía se convirtió en arte cuando los retratos frontales de Paul Strand rompieron con la imitación pictorialista de los efectos pictóricos, porque la ausencia de arte se ha convertido para nosotros contemporáneos en un componente esencial del arte. La fotografía y el cine han hecho más rápidamente el camino recorrido por las otras artes, el camino en el que éstas descubrieron que lo que califica a un arte como tal no es tratar de asuntos nobles sino relacionarse con lo cotidiano y con la impureza. Añadiría que el cine es un atajo extraordinario de un recorrido, de una negociación de la relación ente el arte y sus temas-sujeto, que en las artes anteriores se realizó durante un tiempo mucho mayor. Esto ofrece tanto una visibilidad como una banalidad que tiende a enmascarar el carácter general de esta negociación del arte con la realidad, entendida como lo que es contrario al arte.

Usted afirma que el cine permite un atajo fulgurante respecto de estas cuestiones. Sin embargo en su libro la ausencia del cine es patente en su mayor parte. Hay dos referencias: una estratégica, en la discusión en torno a Alain Badiou para mostrar que el cine puede ser el lugar que revela una especie de contradicción de método, y la otra en el último capítulo, en el que usted se apoya en dos películas (Mystic River y Dogville) pero en el seno de un movimiento más amplio.

Mi libro no tiene por objeto esta negociación entre el arte y sus sujetos, ya hablé de ello en La Fábula Cinematográfica, sino en el modo en que el arte, dentro del régimen estético, definió su propia política. Por ejemplo: cómo en el siglo XVIII se descubrió que una estatua griega mutilada contenía el futuro de una nueva comunidad y qué figuras se tomaron como referencia a partir de esta estatua y esta comunidad. Esta situación definió para las artes tradicionales el imperativo de un rebasamiento, un esfuerzo para convertirse en algo más que arte. El cine no ha tenido que cuestionarse estos problemas, incluso ofrece el ejemplo inverso de una técnica y una diversión que se introducen en el mundo del arte mientras que las artes nobles intentan superarlo.

Su libro sugiere que este rebasamiento del arte está superado e incluso que hemos renunciado a él. ¿Se podría encontrar en el cine de hoy un recorte comparable al que señala entre las obras que aspiran a crear una comunidad y las que aspiran a suscitar rupturas y crisis?

No pienso que sea aplicable al cine, porque nunca fue un arte público, en el sentido del arte del monumento, arte que exhibe el arte, arte que da una visibilidad pública al arte. En su época, Elie Faure lo creyó, pensó el cine como el arte que iba a ser el equivalente de los templos indios o de la pintura mural, un arte del espacio público. Si el cine ha sido un arte de masas, no es en absoluto en este sentido. Nunca fue un arte encargado de exponerse como arte en el espacio público, sino que se encerró en las salas. El cine es el arte que encontró su hornacina. Aunque las revoluciones artísticas hayan podido dejar su marca sobre las imágenes que proyecta, él permanece dentro de su jaula. Nunca ha tenido que cuestionarse el hecho de salir. Existieron momentos de cine militante, comprometido con experiencias políticas, pero existe una relación del exterior al interior, un vínculo propio del arte con su vocación pública que permaneció ajeno a las preocupaciones del cine durante mucho tiempo.

El cine sin embargo ha “salido de su encierro” en dos direcciones: la primera le lleva hacia el museo y la segunda, con la televisión, el vídeo, el DVD, le introduce en la esfera privada como pasatiempo más que como arte.

Creo que es más complejo. El cine en la televisión sigue siendo considerado como arte, incluso aunque sea como una reproducción frente a la obra original. Esta exteriorización le distingue de la telenovela o del reality show. El cine en el museo puede ser dos cosas: un arte complementario al que se le adjudica un lugar propio, y también el instrumento y el material de una transformación del vínculo tradicional entre el espacio museístico y el arte plástico. Cuando Chantal Akerman instala en pantallas convertidas en lienzos distintos planos grabados de El Otro Lado, pone en marcha un poder de literalización ligado a la autonomía espacial de los elementos de lo continuo fílmico. Se pasa al otro lado, quizás también suprimido por el mismo hecho de no ser identificado en el límite de la pantalla. El cine entra en el espacio de transformación de las artes plásticas. Esencialmente, el cine o el video en los museos manifiestan una transformación de la pintura, más que una transformación del cine.

¿Es esto válido para todas las instalaciones que trabajan con películas existentes previamente?

Sí (...) Es un modo de transformar el espacio de exposición del arte o el espacio público. Los giros de Histoire(s) du cinéma constituyen un continuo fílmico hecho para ser proyectado y no expuesto.

La relación entre cine y museo hoy es también una relación de etiquetado cultural de las películas, en concreto en la Filmoteca de Francia (Cinémathèque Française) dentro del marco de una historia del cine. No se va a la filmoteca como a una sala de cine.

La filmoteca me parece menos importante para el futuro del cine como arte que el espacio que el cine comercial reserva al cine de autor. Lo que hace visible al cine como arte no es tanto la filmoteca como Wong Kar-Wai o David Lynch “colgados” de salas destinadas a un público amplio. Sin duda, la filmoteca alberga obras maestras del cine, como el museo las de pintura. Pero ésta lo hace como espacio tradicional de conservación y presentación frente al espacio de los museos, que hoy es un espacio dedicado a las formas de hibridación y transformación de las artes.

En el primer capítulo de su libro, titulado La Estética como Política, usted constata el momento histórico de la ruptura de los tres “regímenes” que antaño se mostraban ligados a los objetos artísticos, y a los que denomina regímenes ético, representativo y estético. En el instante de la ruptura, la ausencia del segundo (la mimesis) permite la separación del régimen ético del estético originando nuestra relación con las artes. ¿No es esta ruptura la definición misma del paso del clasicismo a la modernidad que tiene lugar en las artes tradicionales durante los siglos XVIII y XIX, con equivalentes en la veloz historia del cine? Ese momento existió, y puede denominarse clásico, pero sabiendo que la definición de clasicismo siempre se establece de manera retroactiva.

Clasicismo tiene dos significados distintos. Por una parte, hace referencia a lo que yo denomino el régimen representativo de las artes: la equivalencia codificada entre los procedimientos artísticos y los efectos verificables de afección de sensibilidades. Aquello que Voltaire codificó en el ámbito del teatro o Roger de Piles en pintura. El equivalente cinematográfico se encontraría en la estética normativa de Zanuck o Selznick. Por otra parte, clasicismo significa un estado de equilibrio entre regímenes artísticos diferentes, principalmente entre régimen representativo y régimen estético. Este es el sentido del clasicismo de Hollywood: un modo de narración fílmica dotada de una cierta suspensión. Porque el cine es “representativo”por su uso temporal de la narración más que por su inmediatez visible. El primer plano de Centauros del Desierto en el que una mujer sentada de espaldas entre un porche de madera anticipa la llegada de un viajero todavía invisible es al mismo tiempo una perfecta introducción y un sostenido visual que se multiplicará a lo largo de la película. En el cine hay una mezcla original entre una lógica de la mimesis y una lógica de la “aisthesis” que permite definir momentos en los que la concordancia, la ruptura o la separación entre los dos se manifiesten según modalidades radicalmente diferentes. Por ello, el esquema de una ruptura radical entre dos épocas es todavía más dudoso en el cine que en ninguna otra parte. El cine es un arte que ha avanzado paso a paso mientras el comercio atrapaba poco a poco los avances del arte. Fue necesario mucho tiempo para que el cerrojo de Hollywood se abriese y las rupturas causales, las elipsis narrativas, las mezclas de tiempo o las puntualizaciones sobre lo insignificante que la pintura y el teatro habían hecho suyas desde hacía tiempo se aclimataran al cine. Hoy existe una gramática narrativa moderna estándar: el espectador de Mullholland Drive o de In The Mood for Love la acepta sin más mientras que Selznick o Zanuck habrían afirmado que la visión de estas películas no es posible. Si Godard ha podido hacer las Histoire(s) du cinéma extrayendo planos de la continuidad narrativa otorgándoles nuevas resonancias plásticas, musicales y nuevos significantes es debido a que el cine clásico siempre integró momentos de detención o bifurcaciones posibles en sus intrigas narrativas rectilíneas.

Una particularidad del cine sería su capacidad para integrar en una película, incluso en un mismo plano, clasicismo y modernidad.

No es algo específico del cine. Desde hace dos siglos, la literatura ha aprendido a escribir sus relatos con frases que son átomos de palabra, átomos de silencio. La especificidad del cine es haber podido llevarlo a cabo bajo una forma no experimental, a gran escala, aprovechando su estatus de entretenimiento. Si el cine ha podido negociar ciertas transacciones poéticas entre regímenes de narración y descripción diferentes es debido a que ha podido negociar tranquilamente la relación entre entretenimiento y arte, porque nunca ha sufrido el peso de demandas artísticas, porque ha estado encerrado en un espacio de diversión de masas, ha escapado de la urgencia política que ha conducido a la literatura, a la pintura, al teatro o a la música hasta respuestas globales. Incluso el imperativo industrial que obliga a los directores a rodar guiones impuestos, bajo reglas determinadas, ha otorgado al cine una especie de abrigo para definir una “modernidad tranquila”. Esto le ha permitido hoy ser un refugio del valor de la autoría.

Durante los años 60, el éxito de la política de los autores coincidió con el gran momento de cuestionamiento del arte. Godard integró los dibujos animados pop o las performances en la transformación de lo continuo cinematográfico, provocando una transformación de la mirada del espectador. El cine tomó sus préstamos del tumulto de las vanguardias o de las exigencias políticas para constituirse en un arte que preserva su identidad incluso a través de la revolución de sus modos de descripción y narración.

A pesar de todo, esta evolución se está realizando de un modo cada vez más discreto. Godard también es un exponente de la misma. El alejamiento de la mimesis origina una fractura en el cine que le ocasiona la pérdida de los beneficios asociados a esta confusión del arte con el comercio y el ocio de masas, la imposibilidad de un producto de masas que siga siendo portador del arte.

Un cierto clasicismo modernizado, que combina la novedad artística con un nuevo estilo de vida se ha desplazado hacia Oriente. Respecto a la “discreción” de las últimas películas de Godard, tienen como contrapartida la elevación de su autor al rango de representante paradigmático de la modernidad artística y de la conciencia viva del arte.

En el marco de su reflexión, ¿cuál es para usted la importancia del cine hoy en día?

Esta importancia es doble. Por una parte, la imbricación originaria de diversos regímenes del arte en el cine y la relación específica que se establece entre lo que es arte y lo que no lo es me han permitido cuestionar el esquema establecido de la modernidad artística. Para mí, el cine es un arte del que todavía espero alguna sorpresa. Sin embargo, dado que no soy cineasta, ni teórico ni crítico de cine, no puedo sostener ninguna afirmación sobre el destino histórico del cine, no siento ninguna responsabilidad respecto al cine o a una cierta esencia a preservar del cine.

em>Tras esta conversación y después de la lectura de La Fábula Cinematográfica, se tiene la impresión de que un defecto del cine sería preservarse de las grandes peleas estéticas. Y al mismo tiempo, parece aportar una respuesta alternativa que atraviesa a las artes, entre el gesto de ruptura que abandona lo social y el gesto socializador que abandona al arte. En su bricolaje, el cine parece abrir una tercera vía cuya oportunidad estaría en no hundirse en la pantalla o en el vacío.

Totalmente de acuerdo, pero yo no he hablado de defecto alguno. Preservarse no es ninguna tara, no es una constatación peyorativa. El cine tiene la virtud de llevar a cabo una lograda negociación artística en la medida en que nunca ha tenido obligaciones muy pesadas respecto al destino del arte ni respecto de la política.

martes, 2 de junio de 2009

Un guerrero de dios

(Miguel N, Dir. Andreas Pichler, 2007)

Santiago Espinoza A. en el epilogo de la nota “el evangelio según Miguel N”, reconoce los atributos pedagógicos de esta cinta en tanto se “sirve de un hecho de la historia reciente de Bolivia para abordarlo con sensibilidad y fluidez envidiables” y a su vez, reconoce a Miguel Northdurfter como un hombre “que supo resolver con entereza la sempiterna discusión sobre la validez de la violencia armada al servicio de nobles propósitos”, sin embargo la nobleza como el sacrificio de miguel N, se decantan en virtud de la forma televisiva, al compás del ritmo, el uso de los materiales testimoniales, para crear tensión previo corte narrativo, efectuado por una voz en off, que despide el capitulo e inicia bajo la elipsis espacial, siempre cuidando la linealidad de los acontecimientos, esa lección los cineastas-documentalistas bolivianos la usan hasta la saciedad, pero a diferencia de estos, el director Andreas Pichler, desde su llana y manifiesta vinculación emocional con el guerrero Miguel soslaya el lugar tediosamente común del documental televisivo; el miedo a la confrontación con el sujeto.

El miedo a la realidad, a la verdad de los sujetos, es elemento constante en reportajes televisivos, travestidos cinematográficos, siempre edulcorados, apologéticamente insultantes, y de vez en cuando es conmovedor asistir a la confrontación con lo real, con la muerte y la revolución, con la tragedia, la frustración y el fracaso.

La negación de la épica, y la dramatización a partir de la autoreferencialidad en tanto héroe que construye su propio destino desde la ausencia de un “plan de vida, de una descendencia y no tener pareja” dilucidan la eternidad como la revolución en una posibilidad y en algo real, y desesperadamente necesaria; esa necesidad revolucionaria es lo conmovedor y a la vez aproxima al guerrero de Dios a nosotros, cuando la honestidad del guerrero y del biógrafo se anclan en el sacrificio, en la ruta aparentemente unidireccional de la Historia y de su redención, la del hombre y la de los pueblos.

Entre la voz en off del biógrafo, el llanto de la madre, las cartas y los testimonios el director recupera una esperanza fantasmal la ´tragedia revolucionaria latinoamericana´, que como cualquier identidad fantasmal subyace sobre una pretensión de verdad, y el mito de la realización en función al rito iniciático del sacrifico; “una chispa es suficiente para hacer arder el matorral”. Y, como toda esperanza, como un relato, sigue un orden secuencial ininterrumpido de acontecimientos hacia una resolución de acuerdo a los fines esperados: la esperanza se realiza, el sacrificio se consuma y deviene la tragedia, el héroe besa la eternidad y la revolución se sucede.

Sin embargo, en los tiempos en que se vitoreaba el fin de la historia, Dios y Marx, el humanismo y el evangelio cual fantasmas de un tiempo perdido se fundían con las esperanzas de jóvenes que como miguel N “querían vivir” y para sentir la vida tuvieron que violentarla con el hierro.

Miguel N, se decanta por el testimonio y no así por las causas políticas, que hacen a la decisión de Miguel Nothdurfter afrontar la vida desde el sacrifico del héroe revolucionario que busca ser tragedia, para reavivar el mito revolucionario, el mito político fundacional para oleadas de jóvenes, que como yo, aun creemos que lo mejor esta por venir.

viernes, 29 de mayo de 2009

Miguel N (The way of a Warrior, Suiza, Italia. 2007)

texto de Juan Luis Guitierrez

Miguel N fue una víctima más del rito al cual los bolivianos nos sometemos cada cierto tiempo. El rito de la guerra que se funda en el mito de la “revolución”. Pienso que la “revolución” es parte constitutiva del imaginario colectivo boliviano o de aquel que se siente sumergido en la mística “bolivianidad”. En “Miguel N.” la relación de lo sagrado y lo profano se confunden dentro del territorio simbólico de la “revolución”.: la cercanía del marxismo revolucionario y del cristianismo laico, de la figura del sacrificio, de la indagación del dolor, de aquel sujeto que no está conforme con sus circunstancias y las desafía, no para simplemente romper el orden establecido, sino más bien, en la búsqueda de la eternidad, son algunas características que sincretizan el papel del hombre que busca un sentido de la vida con la vida misma.
Somos animales simbólicos, buscamos un sentido para existir, porque somos conscientes de la proximidad de la muerte, el sentido que le demos a la vida involucrará como vencer “el final” de la misma: es la búsqueda de la eternidad. Mientras la madre de miguel N. esperaba de su hijo una vida “normal” que implique la construcción de una familia y la eternidad en la sucesión de generaciones futuras, una eternidad “lenta pero segura”, Miguel N. prefiere otra eternidad: la muerte revolucionaria, la cicuta, la crucifixión, el sacrificio, el dolor, el miedo, y por último, la emancipación de lo terrenal-la eternidad rápida y peligrosa.
Miguel N. no esperaba llegar al país donde murió el máximo exponente de la revolución latinoamericana: el Che. Para tocar la herida (de manera ilustrativa): en Bolivia murió el Che, lo matamos, sí ,en Bolivia, el país que necesita de la revolución para poder vencer a la muerte que amenaza dia a día sus hogares, fue donde murió El Che. En Bolivia tenemos el mito de recrear la revolución cada cierto tiempo, y tenemos el rito de “guerrear” para mantener vivo dicho mito, y también tenemos el rito de matar a sus exponentes, porque el día que la revolución se cumpla, se termina nuestro mito y no tendremos como vencer a la muerte.

Miguel N (The way of a Warrior). Dir. Andreas Pichler. Suiza, Italia. 2007


Miguel N. “cristiano revolucionario”, no hay mejor adjetivo para describirlo y para describir a cualquier boliviano, hasta al más conservador. Creer, ni siquiera pensar, sino simplemente creer, que lo único que nos “salvará” es la revolución-la eternidad rápida y poco segura: éste es nuestro dogma, denle vueltas a esto cuanto quieran, pero no olviden que “La revolución” es nuestra para siempre, porque nunca la acabamos de cumplir y no necesitamos cumplirla, sino simplemente creer en ella, sus mito y sus ritos.

domingo, 24 de mayo de 2009

Cine y Dignidad (en el dia de la indignación y verguenza nacional, 24/V)

A los irascibles

(24 de mayo, día nacional de la indignidad y vergüenza nacional)

El ejercicio representacional que entrama las artes en general y el cine en particular, como generalidad a cualquier dispositivo audiovisual, supone una puesta en evidencia de la sensibilidad del autor, el que registra, y la carencia del objeto, registrado, pero hay ejercicios representacionales que en la caza de la lealtad, el honor, la justicia, la dignidad, se disuelven en pastiches, manifiestos, biopics, propaganda, instrumentos, etc, etc.
Estas formas de representación, o intentos alegóricos, en muchos casos, de elementos ambiguos supusieron el avance de la cinematografía como reflexión ético formal, en tanto “un travelling es cuestión de ética” Godard, o que “el plano del pueblo insurrecto es el secuencia” Angelopoulos, o yendo mas lejos “la dignidad de la mirada sólo es posible con el primer plano” Epstein, o “la verdad no necesita ensayos” Bresson, “sólo espera” Cohen, clarifican la reflexión sobre el aparato cinematográfico y su relación con lo real, con la verdad.
Siempre girando sobre la paradoja, la autonomía de la figura y el fondo (y su interpretación por el espectador) en el interior de sí misma, ahí donde las sombras toman existencia y la percepción se hace representación.

Es de estas reflexiones ético formales que en un primer momento se despliegan de la percepción (como traducir la percepción en representación), para traducirse en obras urgentes, en referencias necesarias para tiempos mezquinos.

Brokeback montain (Lee), Sophie Scholl ( Tage), La estrategia del caracol (Cabrera), Las tortugas también vuelan (Ghobadi), El niño (Dardenne), Te doy mis ojos (Bollaín), La lista de Schindler (Spielberglberg), La letra escarlata (Joffe), Welcome to Sarajevo (Botton), Al otro lado (Akim), Invisibles (varios directores), Metropolis(Lang), Disparando a perros (Caton-Jones), La conquista del honor (Eastwood), Las Brujas de Salem (Sarget) , Los 400 golpes (truffaut),El ladrón de bicicletas (de Sica) Ukamau (Sanjines), Ulyses (Angelopoulos) Yawar mallku (Sanjines), Tierra en trance (Rocha), La dignidad de los nadies (Solanas) y, Humillados y ofendidos (Brie)

Entre la representación historica, la ficción y el documental, la épica de la historia (oficial) se conjura con la lírica de la derrota, en clave de de resistencia; la dignidad se realiza, se desliza haciéndose obra en estos rostros y relatos que nos envenenan de esperanza, con la ira y vergüenza que esta entraña…….

Cuando la dignidad es secuestrada por los irascibles y reducida a un objeto, la memoria (sin ella no hay Resistencia) se torna urgente para anular lo estrictamente representacional y edificar, sólo mediante la anulación, la indignidad y la vergüenza.

Humillados y Ofendidos, Bolivia 2008 (Dir Cesar Brie.)

martes, 17 de marzo de 2009

que es el cine

A la pregunta que interroga por el ser (del cine) Godard ensaya una respuesta provisoria en boca de un productor gringo: emoción....
ante esta respuesta, sólo queda el silencio, que no emociona sino que conmociona, la experiencia del desgarro (dixit Cioran)


extracto de "Pierrot el loco" Dir. Jean Luc Godard, 1965, Francia

una de las obras mas osadas y personales de Godard, antes de su fase politica, la radicalidad del cine militante con los maos, anticipando lo que vendra en mayo (1968).

jueves, 19 de febrero de 2009

el triunfo del cinematografo (Arrebato, Ivan Zulueta,1980, España)

Pocas veces una obra logra conmocionar tanto a la cinefilia como a la critica, esto por lo mecanismos del sistema, pero es que el cinematografo deglute a ambos en Arrebato, en tanto experiencia extrasensorial como elogio a la ficción, fugando hacia lo autoral, la critica, siempre bienvenida, al sistema del arte o a los emergentes y disfuncionales sujetos del postfranquismo.

Un director, Jose, estancado en la pesadumbre que supone la carencia de ideas encuentra su redención en la mirada fulgurante de un explorador, Pedro, una extravagancia solo posible en los grisáceos años post dictatura, que persigue un ideal, un fantasma que habita en sus registros fotoquímicos. El fantasma de la niebla y de la luz, de la apariencia y la retención de la representación.


El Arrebato, entre la imagen y el tiempo, es acaso ¿un elemento para una presunta ontología de la imagen fotoquímica?

"La PAUSA es el talón de Aquiles, es el punto de fuga, nuestra única oportunidad” (Pedro)



La obsesión imperecedera del registro fotoquímico. La mirada desgarradora y redentora, porque son parte del mismo movimiento, cuya experiencia límite es la de secuestrarle al tiempo un halo de eternidad, un fotograma redentor, que libere al sujeto de su condición, y a la vez le permita la transformación del aparato, ya no como instrumento de proyección, sino como cómplice, guía y materia de la “experiencia” óntica.

“Estabas en plena fuga, éxtasis, colgado en plena pausa... arrebatado” (Pedro)

En la búsqueda del ideal de la Imagen, no como representación, sino como sustancia, Pedro y José, como el poeta, que desciende a los infiernos, para, y en un solo guiño, perpetuarse en la sustancia de su búsqueda y……….. desaparecer.


"no es a mí a quien le gusta el cine, sino el cine a quien le gusto yo" (jose)

miércoles, 11 de febrero de 2009

La cultura es la regla.......... y el arte la excepción (Godard)

Este cine-ensayo conmovedor, el cual me permitio dilucidar los elementos para una hipotesis politica del encuadre (inedito) y la reflexión, lacerante constatación, de la cultura y la excepción, de la mirada y el poder de ella sobre los paisajes de las formas y el paisaje que se forma.

Este genial ensayo no necesita comentario, una comentario extensivo lo convertiria en lo que critica. Solo una cita, que bien puede fungir como prologo apocrifo: "La película es también una lección modelo sobre cómo leer cualquier fotografía, cómo descifrar la naturaleza no-inocente del encuadre, ángulo y centro de la fotografía". (Sontag)




je vous salue sarajevo (Dir. Godard )

sábado, 1 de noviembre de 2008

Qué tan lejos está la identidad (Que tan lejos - Hermida, 2006)

(Qué tan lejos, Tania Hermida, Ecuador, 2006)


Con un road-movie, dos personajes femeninos y una historia simple, Tania Hermida trata de radiografiar su sociedad, la Ecuatoriana, entre la inestabilidad política, la pobreza y la migración. La mirada de Hermida trata de cifrar una sola cosa; la identidad.

Esperanza y Tristeza, española y trabaja en turismo la primera, estudiante enamorada de un peli largui y cuencana la segunda, no se llama Tristeza sino Pereza, en realidad nunca sabremos cual es su nombre, como nunca veremos al Chimborazo porque se esconde de los extranjeros, ni a los que bloquean al igual que los primos y hermanos de que están en España, “porque el sentido esta fuera del texto”.

Con esta cita de Octavio Paz releída por Tristeza, la directora y guionista Hermida plantea (su) pregunta; como representar lo eternamente invisible?, por qué superficies hacer andar lo invisible?
En un movimiento ético, algo predecible, lo deja en el fuera de campo, el lugar-habitar de lo invisible, y construye un Ecuador vaciado; virtuosismo de guionización, para y sólo desde ahí ponernos en situación: dos mujeres que se dirigen a un lugar y un país que se ha convertido en un paisaje.

La búsqueda de la identidad que se presentaba en la mirada exploratoria de Tristeza ante un espejo y el mismo ejercicio lo vemos con Esperanza, se diluye en beneficio de una historia graciosa y amena, que no soslaya a “la critica social” y a “la autocritica” colectiva y colectivista, tan apetecida por ciertos jurados de ciertos festivales, y por supuesto que por cierta critica.

Los climas, las tonalidades, las risas, la pena, las promesas y los grados de aproximación que van desarrollando los personajes de Hermida mitigan un final tortuoso, que nunca llegara, edulcorando una situación que en la “maldita realidad política” es traumática; la crisis de identidad.
“Ya no se donde estoy” Tristeza/Pereza (Cecilia Vallejo)

jueves, 30 de octubre de 2008

La Realidad es un fiesta (Airamppo- Valverde y Muñoz, 2007




(Airamppo, la semilla que tiñe. Miguel Valverde y Alex Muñoz, Bolivia, 2007)





Totora bien podría ser el lugar donde las huellas y los fantasmas corren y se ríen, se desenfocan y mutan, como el cine (documental) que solo caza sombras.

En el descenso a la realidad, sólo salvable con el sueño, chicho hijo de alguien y mamá paceña, piensa que debería pensar en voz baja, se mueve como la cámara entre los interlineados, entre fantasmas y violines que se suceden en un deambular sin fin que construye una estructura circular interminable.

En esta estructura no corresponden las imposiciones de causa y efecto o las fronteras (inútiles) entre ficción y documental, clara huella es don Silverio el alcalde del Sueño y amigo del tio, es la Realidad que se enfrenta a la ficcionalización (Miki y Alex) o a la documentación (Miki y Alex).

Es don Silverio quien guía y es chicho quien descubre. Ambos nos embriagan de esta Realidad donde todas las voces se interrumpen y yuxtaponen, se contradicen y se callan, se llaman y se encierran y, el silencio, sólo admitido en el coito, nos re-define, en aquel momento en que esta Realidad deja de chirriar, y Totora se revela ya no como un lugar de sombras, sino de materiales concretos; la ficción aparece.

Miki y Alex, no realizan una reflexión sobre los limites y fronteras entre lo real y lo ficcional, sino que nos ofrecen algo más rico y más fresco, como la chicha, que es la exploración de sus materiales audiovisuales y que a partir de estos se puede herir a la Realidad y observar, por un instante la verdad.

La frescura de esta propuesta se aproxima a la carencia e inquietud de su mirada, la cámara que se mueve errante debe entenderse como la destilación de una idea estética, como un elogio de la imperfección y una reivindicación del descuido formal, porque eso es Airamppo, la reivindicación no sólo de una forma de mirar y de sentir, sino que desde el modo de producción hasta su lógica de distribución, no es más que un elogio a la fiesta (porque el cine es una fiesta única e irrepetible como la chicha).

Esta ficción fresca y que abre la tripa, podríamos considerarla como una metáfora de un país, o un retrato a modo de díptico o como un manifiesto para el nuevo cine experimental andino.